
En el corazón de Colombia, una iniciativa de corte social llamada Fundación Mom Maker está redefiniendo el desarrollo de comunidades en zonas de la región de Santander, cercanías de Bucaramanga, en torno al calzado no solo como un artículo de vestir, sino como una herramienta de transformación social sostenible. Liderada por José Luis Chacón con José Moreno y Yesid Castaño, este proyecto, que ha tomado forma en los últimos seis meses tras dos años de planificación, se erige sobre pilares sólidos que entrelazan formación, economía circular, empoderamiento y donaciones, todo ello con un profundo sentido humano.
El primer pilar es la formación, por medio de una escuela que crearon donde jóvenes y adultos mayores aprenden cada etapa del proceso de fabricación de calzado. Desde el diseño asistido por software como Corel o Shoemaster, pasando por el manejo de máquinas de costura convencionales y de corte láser o cuchilla, hasta el ensamblaje final del zapato. Es un curso intensivo de aproximadamente seis meses que dota a las personas participantes de habilidades completas aprendiendo un oficio que los hace aptos para trabajar en la industria.
Paralelamente, el pilar de la economía circular es fundamental. Mom Maker recolecta todos los retales y materiales sobrantes de las fábricas de calzado: suelas, forros, telas, retazos y descartes de cuero. Estos materiales, que de otra forma serían desechados, se convierten en la materia prima para la escuela, utilizada tanto para el aprendizaje como para la fabricación de productos destinados a donaciones y venta.
Este modelo desemboca en el tercer pilar, la iniciativa «mamá fabricante». Tras la formación, los participantes son incorporados a empresas del sector o, en muchos casos, trabajan desde casa bajo un esquema satélite. Se les proporcionan máquinas y tareas, permitiéndoles generar ingresos y conciliar su vida familiar. Un ejemplo son las sandalias artesanales de Mom Maker, comercializadas en todo el país a través de redes sociales, por cuya confección se les paga veinte mil pesos por par, pudiendo producir hasta tres pares al día. Esta venta, junto con la de otros productos como aretes, bolsos o lámparas hechos con retales, genera fondos para el sostenimiento de la escuela y el pago a los colaboradores.

Las donaciones son otro componente esencial. Utilizando los materiales recuperados, Mom Maker fabrica zapatos de calidad para entregarlos a comunidades vulnerables, orfanatos y asentamientos humanos. Han realizado donaciones significativas, como 57 pares a un orfanato y cientos al Instituto de la Caridad ICU en Colombia, buscando siempre entregar «zapatos bonitos» para dignificar a los niños que no tienen la oportunidad de estrenar. En solo seis meses, han logrado donar más de mil pares de zapatos, fabricando alrededor de cincuenta pares diarios.
José Luis Chacón describe la esencia de la fundación con claridad: «Mom Maker es una oportunidad para tener un cambio de vida para una persona vulnerable, nosotros generamos la oportunidad y le estamos dando el apoyo y el respaldo al gremio del calzado.» Esta oportunidad se extiende a personas que viven en extrema pobreza, desde vendedores ambulantes hasta limpiadores de vidrios, ofreciéndoles una labor y, sobre todo, amor y dignidad. La fundación ha logrado impactar comunidades en San Gil y Barbosa, especialmente en zonas complejas como el barrio Gaitán, donde madres reciben kits de materiales para ensamblar productos y venderlos, generando sus propias utilidades.
El proyecto ha crecido rápidamente, involucrando el apoyo de varios colaboradores como el concejal Jessy Bello, “él está financiando lo que es la parte de la merienda en la escuela, obviamente son casi 100.000 a 150.000 diarios” explica Jose Luis; Sin embargo, el reto es seguir sumando esfuerzos para mantener y crecer el impacto de este proyecto. Empresarios del calzado también se han sumado, donando materiales y abriendo puertas laborales. Actualmente, se preparan para inaugurar una nueva escuela en un asentamiento, construida por la propia comunidad y liderada por uno de sus aprendices más avanzados. Este es un testimonio viviente de cómo la unión de esfuerzos y la visión humanitaria pueden transformar realidades.



